Celebro, celebro y celebro para darle ese espacio a la alegría profunda que nos permita, junto con la rabia, seguir caminando y construyendo esas otras realidades.

18 de marzo de 2014

Compañeras y compañeros  del Frayba,

Qué decirles, en este 25 cumpleaños. Siempre se quedan tan cortas las palabras cuando a una se le mueven las entrañas y una cierta impotencia por no poder estar allá físicamente en estos momentos. Celebro, celebro profundamente la existencia del Frayba y de todas la gente que lo hace posible día a día, cada persona que cree que la trinchera de los derechos humanos es un posicionamiento ético y vital, un compromiso ineludible para un mundo distinto, ese en el que quepan muchos mundos y cada mujer y cada hombre tengan una vida digna y plena, seamos protagonistas de nuestros destinos y los construyamos en y para el colectivo. El Frayba es un aporte, una herramienta, pero es una herramienta con corazón y por eso, quienes le dan sentido y rumbo, son los pueblos en los  que siempre se ha enfocado, las mujeres y hombres que deciden organizarse y luchar, colectivamente, por sus derechos, por nuestros derechos, por los derechos de todas y todos. Y el Frayba o “la Frayba” es lo que es  porque no pretende enseñar nada a nadie sino caminar codo con codo, aportando desde la experiencia, aprendiendo de las compañeras y compañeros, de los errores, de los aciertos, del hecho de caminar. El equipo Frayba vive las violaciones a los derechos humanos y la injusticia como algo propio (porque es algo propio, de todas y todos) y se compromete con la defensa entendiendo que ésta no es un saber “especializado” sino un conjunto de voluntades, conocimientos y corazones que se hacen fuertes y transforman realidades cuando suman, cuando lo hacen en colectivo. En Chiapas, en México y en el mundo.

Celebro, celebro y celebro para darle ese espacio a la alegría profunda que nos permita, junto con la rabia, seguir caminando y construyendo esas otras realidades.  Que ya son. Que ya son. Aunque no lo quieran ver. Y aunque falta lo que falta.

Las y los extraño. Muchísimo. Pero los aprendizajes y el ejemplo siguen alimentando mis días. Y sigo sintiéndome parte de esa comunidad de irreverentes que saben que lo que parecen molinos realmente son pinches gigantes que hay que tumbar. Acá seguimos, ya saben…

Un abrazo enorme desde Barcelona

Bego Arretxe Irigoien

Conexión de Recursos para la Acción Comunitaria, Barcelona

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